El Salvador un año de pre-dictadura

Una consigna contra el presidente salvadoreño cuelga cerca de la Universidad de El Salvador en la capital del país

El Salvador un año de pre-dictadura

El pasado 1ro de junio se cumplió un año de la llegada al gobierno de Nayib Bukele. Su toma de posesión fue apoteósica, al buen estilo de los emperadores romanos con las masas celebrando “Salve César”; fue diseñado para para humillar a sus oponentes políticos quienes fueron abucheados en un acto que costó casi el millón de dólares y que obligó a los diputados a ir a celebrar su investidura.

Era de esperarse las primeras escaramuzas con la oposición, en particular con los diputados que tiene mayoría en la Asamblea Legislativa. El principal elemento de discordia es la de no entregar planes de ejecución, por ejemplo el  plan de seguridad pública. Bukele se rebuscó para evadir los controles que de acuerdo al ley de deberían darse para garantizar su ejecución. El y sus ministros se niegan a cumplir.

Después de muchos impases con la oposición Bukele convocó a una reunión extraordinaria con los diputados el día domingo 9 de febrero presentándose con un grupo de seguidores y con unidades de la policía y el ejército. Realizó todo un operativo militar, tomó la Asamblea Legislativa y dirigió la reunión con los pocos diputados que asistieron al evento con un cerco militar en la sala de reunión donde se realiza la plenaria. Su discurso centró en ataques a los diputados por dejarlo plantado.

La acción de toma de la Asamblea Legislativa es una demostración de lo que puede llegar a ser Bukele quien ha amenazado con cerrar el órgano legislativo si no se cumplen con sus disposiciones. Las amenazas contra  la oposición no han cesado, se mantienen.

Con la entrada de Covid 19 a El Salvador, la oportunidad de implementar medidas de control social radical contra la población y la oposición se le ha dado al gobierno como anillo al dedo. El estado de excepción implantado durante la pandemia, la restricción de circulación, la colocación de retenes y la implementación de centros de reclusión de personas capturadas era un buen ejercicio de un ejército de ocupación.

La exigencia de recursos para enfrentar la pandemia llegando a ser aprobado por más de $3 mil millones de los cuales no ha utilizado ni siquiera la mitad por explicaciones que no saben dar pero que le achacan a la oposición de esta situación.

Lo que sí ha sido evidente es el uso de recursos para contratar empresas, mayoritariamente cercanas al gobierno, para suministrar servicios a los centros de retención. Ejemplos de esto son los escándalos por la compra de mascarillas de empresas de maletín vinculados a funcionarios del gobierno. A eso se agrega el descubrimiento de que la comisionada presidencial Carolina Recinos ha colocado a familiares en distintos puesto del gobierno y que a una de sus hermanas se le concedió un crédito de BANDESAL como parte de los recursos para reactivar la economía durante la pandemia. Y es que esto no es nuevo ya propio presidente ha hecho lo mismo con su familia.

También ha sido muy destacado la defensa que el propio Bukele ha hecho de uno de operadores políticos como es  Walter Araujo  un siniestro personaje vinculado desde muy joven al partido ARENA  y sobrino político Roberto d’Aubuisson; Araujo es acusado de malversar fondos del estado al igual que otros colaboradores del actual gobierno.

El uso de amenazas a través de las redes a personas que no simpatizan políticamente es una práctica muy habitual que utiliza la derecha en otros países como es la muerte civil o linchamiento político. La descalificación y el insulto tanto por parte del presidente como de parte de sus acólitos a instituciones y personalidades es el pan de cada día.

La pandemia también ha servido para desarrollar una campaña política adelantada donde los recursos del Estado como son los paquetes agrícolas y las bolsas alimenticias así como el bono de $300 se distribuyen en función de promover al partido de gobierno, Nuevas Ideas. Su mayor fiasco ha sido el montaje del llamado hospital El Salvador que no ha pasado de ser un show mediático. Después de ofrecer que iba construir sus instalaciones en un mes resultó que al final no le quedó más remedio que improvisar unas salas de atención en pabellones de la feria internacional con camas prestada de otros hospitales públicos, incluyendo del Seguro Social. Hasta la fecha sola ha atendido a alrededor de 8 personas cuando supuestamente tiene para albergar a 100 pacientes.

La estrategia para combatir el Covid 19 se ha basado en implementar una cuarentena cerrada que parece no haber sido tan efectiva. Después de 3 meses, el incremento de la curva es notaria. La estrategia para atacar la pandemia ha sido dirigida por  una sala de crisis cuyo principal objetivo es de mantener la imagen del mandatario en buena estima ante la población. Ha contratado a asesores venezolanos vinculados a la oposición liderada por Juan Guaido, un títere del imperialismo. Es una estrategia que espeja la propuesta que J.J. Rendón ha promovido en casi todo Centroamérica.

Hace falta un plan coherente y sistemático que permita ir disminuyendo tanto los contagios como los fallecimientos. El gobierno cubano ofreció su apoyo para enfrentar la pandemia en El Salvador pero el gobierno de Bukele lo rechazó, no se sabe si por factores ideológicos y políticos, por incapacidad o por arrogancia.

Las decisiones de la Sala de lo Constitucional han anulado los Decretos de Emergencia de la presidencia, por lo cual este órgano judicial se ha convertido en blanco de ataques y pronunciamientos del presidente y sus seguidores.

La situación con Covid 19 ha generado una crisis en la economía salvadoreña que pudieran regresar a la situación de hace 20 años las medidas del gobierno en función de crear estabilidad lo único que hace es profundizar el descalabro. La economía en el primer trimestre de gobierno de Bukele mantenía la misma tendencia que dejó el anterior gobierno del FMLN pero al final esa tendencia fue disminuyendo debido a la tensión política.

A nivel internacional el gobierno de Bukele claramente se ha cuadrado con los designios del gobierno de Trump, apoyando al presidente títere de Guaido, desconociendo a Nicolás Maduro, llegando a expulsar a los diplomáticos de la Embajada de la República Bolivariana de Venezuela en El Salvador en noviembre del año pasado. También se sumó al coro de ataques contra el gobierno de Nicaragua de Daniel Ortega. En la OEA la delegación salvadoreña ha respaldado la posibilidad de una intervención militar en Venezuela.

Claramente el gobierno de El Salvador pasó a ser parte de eunucos que siguen las directrices de los EEUU con la esperanza de tener un trato preferencial por parte de ese gobierno que no lo ha tratado nada bien en particular. La política migratoria estadounidense al cual Bukele ha respaldado ha convertido a El Salvador en lo que llaman el tercer país de contención de emigrantes.

El tema de las pandillas donde aparentemente el gobierno de Bukele ha tenido logros al disminuir el nivel de homicidios diarios; es un cambio desde la política de los gobiernos de ARENA donde la tolerancia de la extorsión y el menudeo de droga compensaba la baja de asesinato Pero el incremento de desapariciones es algo que también se ha destacado.

Las pandillas han sido durante la pandemia uno de los principales aliados del gobierno al imponer toques de quedas en las zonas que tiene control e incluso han distribuido parte de las bolsas alimentarias  en la zonas controladas por ellos.

Una  gran parte de la población respalda al actual gobierno esperanzado que “algo se recibirá en cambio” Para ello los seguidores de Bukele y su partido Nuevas Ideas han tratado de articular acciones de calle para respaldar a su gobierno pero esto no ha sido tan efectivo. Su respaldo más importante consiste en la que le dan la FAES y PNC, eso se vio evidenciado en la toma de la Asamblea Legislativa. Detrás de la disminución de los homicidios se perfila un acuerdo en las sombras entre el gobierno y las pandillas al punto que las estructuras delincuenciales lo consideran como el máximo jefe la clicas en El Salvador.

La embajada de EEUU con el nombrado Ronald D. Johnson, un experimentado experto en agente de inteligencia, ha jugado un papel importante en la  relación entre el gobierno de Trump y Bukele. Su papel va más allá de esto y se nota una destacada actividad en la articulación de acuerdos entre Casa Presidencial y otros sectores de la derecha salvadoreña incluyendo al propio partido ARENA.

Las fuerzas de oposición al gobierno de Bukele fundamentalmente es por parte de los partidos políticos. Ahí está ubicado el FMLN a quien el presidente ha jurado destruir a toda costa y que actualmente se encuentra en un proceso de reconstrucción después de la derrota electoral; sin embargo no ha dejado enfrentar las políticas gubernamentales. Otros sectores importantes que han enfrentado al ejecutivo son sectores de los lisiados y veteranos de guerras que han sido afectados por las acciones gubernamentales otros todavía se mantienen a la expectativa.

Bukele necesita mostrarse “fuerte” que él es el presidente, no importando que eso pueda implicar violar la constitución de la república. La retórica del presidente demuestra un desprecio para  la lucha del pueblo salvadoreño contra la dictadura militar, algo paradójica porque gracias a estos sacrificios, él está en el gobierno. Recientemente Bukele ha hechos comentarios de que se encuentra en “guerra” emulando al presidente de Chile Sebastián Piñera que en su momento se refirió a ello cuando el pueblo Chileno se levantó contra el neoliberalismo.

Bukele ha traicionado las aspiraciones del pueblo salvadoreño y se encamina la instauración de un régimen autoritaria en el que no pueda existir oposición y se aplasta cualquier signo de contrariedad a su política. Su primer año ha sido un ejercicio de pre-dictadura y en los próximos meses pretende avanzar a la consolidación de una estructura dictatorial avalado por las élites económicas del país y el gobierno de EEUU a quien le ha jurado lealtad.  Sin embargo el imitador de Mussolini en El Salvador debe recordar el fin del dictador italiano que fue colgado en una plaza pública.

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